GINECOLOGA HUILENSE SE IMPONE EN USA

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Por María Margarita Herrera

Con tan sólo 15 años de edad, la garzoneña Claudia Emma Suárez Trujillo, tomó la decisión de viajar a Monterrey, Méjico, a estudiar medicina en la Universidad Autónoma de Nuevo León, convirtiéndose hoy después de más de treinta años, en una prestigiosa científica, propietaria de su propio Centro Clínico de Ginecología y Obstetricia en El Paso, Texas, Estados Unidos, población fronteriza a Ciudad Juárez, Méjico.

Vocación

Terminó el bachillerato en el Colegio Claretiano de Neiva antes de cumplir 15 años de edad. Era tan jovencita que todos creían que su deseo de ser médica no era una vocación sino un capricho y un juego más de una tierna infante. Por “seguirle la corriente”, sus padres, Benjamín Suárez y Marina Trujillo, la apoyaron en su solicitud de inscripción en las dos universidades de Colombia que ella había escogido para estudiar. En el examen escrito pasó sobrada en ambas facultades. Pero cuando llegó la entrevista personal, la despacharon rapidito con el argumento que podía estar confundida y era mejor que dejara el cupo a alguien más maduro que estuviera seguro del deseo de ejercer la medicina.

Esto no es lo mío

En su casa la convencieron de inscribirse “mientras tanto” en Ingeniería Civil en la Universidad de La Salle, en Bogotá, con el compromiso que si no le gustaba, aceptaban que se cambiara de carrera. Aunque obtuvo muy buenas notas, al terminar el semestre dijo sin sonrojarse: “Esto no es lo mío, quiero ser médica”. Calladita, sin contarle a nadie, en época que no existía Internet, ni emails, ni celular, mandó cartas con sus notas a la Universidad Autónoma de Nuevo León en Monterrey, Méjico, solicitando cupo para estudiar. Como su promedio en bachillerato era superior a 4.5, sobre 5.0, no tuvo dificultad para que la aceptaran. 

A Monterrey

Esperó tener en sus manos la carta de aceptación de la universidad mejicana para avisarle a sus padres que había decidido emigrar a Monterrey para estudiar Medicina. No valieron los “esperemos un poco”, “piénsalo mejor” y en vista de su empeño sus padres la apoyaron en la obtención de la visa y en la compra de los pasajes aéreos para viajar. A Monterrey llegó a vivir inicialmente en unas residencias y posteriormente, gracias a las amistades colombianas, pudo tomar un apartamento compartido con otras estudiantes.

Duro golpe

Su papá estaba pendiente de ella y continuamente se cruzaban cartas por correo que demoraban quince y más días en llegar. Siempre la apoyó y la alentó después que no hubo forma de hacerla desistir de irse del país. El 6 de diciembre de 1982 estando en clase en la Universidad recibió la dolorosa noticia del fallecimiento de su progenitor. Sin pensarlo dos veces, prestando dinero y abandonando por unos días los estudios, viajó hasta Neiva para estar en su sepelio. “No tengo plata, pero tengo amigos”, dijo cuando le preguntaron cómo había logrado conseguir recursos y llegar a tiempo al entierro.

Comienzo difícil

Los primeros años en Monterrey fueron de mucho sacrificio mientras cogía el ritmo de la universidad, de la ciudad, de la comida y en general de las costumbres lugareñas. Poco a poco se fue orientando y al terminar su carrera trabajó en un consultorio. Durante la práctica médica conoció a un colega, Ricardo Martínez Losa, con quien se casó y tuvieron dos hijos, Benjamín y Bernardo, hoy de 17 y 13 años, respectivamente. La pareja se propuso viajar a los Estados Unidos a complementar sus estudios y buscar mejores opciones laborales. Suena fácil decirlo pero fue una odisea que duró muchos años.

En USA

Aunque hoy está divorciada de su esposo Ricardo Martínez Losa, recuerda que fue él quien más la impulsó a buscar “el sueño americano” ya que siendo mejicano, nacido en Monterrey, cerca a la frontera con los Estados Unidos, desde pequeño oía historias de gente que se había ido a ese país y logrado muchos éxitos. Un poco por seguirle la cuerda, se fue a vivir a San Antonio, Texas, donde se propuso homologar su carrera y para presentar el examen exigido estudiaba diez horas diarias en una biblioteca. Antes de eso, desarrolló otros oficios para ayudarse económicamente, entre ellos dependiente en una joyería.

Especialización

Una vez que pasó con 98 puntos sobre 100, el exigente y costoso examen que le permitió homologar su carrera de Médica, se trasladó a El Paso, Texas, lugar donde le asignaron el cupo para estudiar especialización en Ginecología, Obstetricia y en Biología de la Reproducción, en Texas Tech University. Más adelante fue profesora de los médicos residentes y durante varios años laboró de planta en el Hospital Universitario de El Paso.

Se independizó

Se retiró del cargo permanente en el Hospital y fundó una empresa médica que comenzó a funcionar el 14 de febrero de 2011. Corriendo riesgos económicos montó su propio Centro Clínico denominado en inglés “Her Health ObGyn & Fertility Center”, donde se prestan servicios en Obstetricia y Ginecología. Allí funciona el consultorio particular de la doctora Suárez, equipos de monitoreo y varias salas preparto. Atiende un promedio de 30 pacientes diarias, entre embarazadas y aquellas que no pueden concebir, logrando éxitos asombrosos con mujeres que parecían estériles. “Es una felicidad muy grande cada vez que una paciente logra tener un bebé después de un tratamiento”, comenta emocionada.

Robot

Además de laborar en su propia empresa, recibe partos y realiza cirugías en el Hospital de El Paso, Texas. También es cirujana especializada en el manejo del robot Da Vinci, un aparato con el que se realizan cirugías. Es una de las pocas profesionales en El Paso, que manejan este sistema, mediante el cual opera desde una consola diseñada para facilitar la cirugía compleja. Según los expertos: “El robot permite superar las limitaciones propias de la cirugía abierta y laparoscópica, potenciando en términos de visión, precisión y control las habilidades del cirujano”. Como el robot Da Vinci no es autónomo, requiere en todos los casos la intervención y toma de decisiones de un profesional que actúe como operador humano.

Sus hijos

Claudia tiene doble nacionalidad, es ciudadana americana y colombiana. Sus hijos nacieron en los Estados Unidos y por tanto sólo tienen pasaporte gringo. El mayor de ellos, Benjamín, es un gran líder y acaba de ingresar a la Universidad de Texas en Austin, a estudiar Derecho. El menor, Bernardo, vive con ella, estudia en un colegio de El Paso y es un apasionado del fútbol, al punto que sus compañeros le llaman Messi, en alusión al jugador argentino.

El Huila

Su gran éxito profesional en los Estados Unidos le permite un cómodo nivel de vida, pero no olvida su tierra opita. Cada vez que puede se desplaza al Huila a visitar su numerosa familia y los sitios turísticos de la región. Le encantan los bizcochos de achira, el quesillo y el asado. Le gusta traer a sus hijos a que se encariñen con esta tierra que la vio nacer, donde disfrutan de manera especial del campo y de las montañas.

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